martes, julio 30

You & I

 
 Yo leo a Palahniuk de Javier Avi

Elvira golpeaba con la uña el botellín de cerveza, al ritmo de You & I de Crystal Fhighters, que sonaba en su cabeza, mientras parecía buscar a alguien en el bar.
...no sleep, no chance, no need, forget about it... —canturreaba sin importarle que aquel no fuera el tono—, …you and me, no one else, nothing else, but us right now... —A pesar de hacerlo bajito, cantaba como un pollo desgañitado, y no, nada tiene que ver con su sordera, no nos pongamos melodramáticos, ya lo hacía fatal mucho antes de que la otosclerosis le dejara sin oído derecho, las cosas como son.
Se bajó con disimulo la minifalda. Lo cierto es que nunca sabía vestirse para esos eventos. Bueno, nunca sabía vestirse para nada. Joan, su novio, tenía bastante más sensibilidad a la hora de conjuntar la ropa que ella. Así que le aconsejó que llevara la minifalda negra de tubo, el blusón blanco con escote y manga campana, el cinturón ancho negro con tachuelas al igual que los zapatos Peep Toe, que según ella podían confundirse con unos Louboutin, pero el destello del plastiquete delataba, escandalosamente, que eran de Xti, comprados en rebajas por 19'90.
Cari, desde la puerta te veo las bragas —le espetó Gael nada más acercarse a ella. Y mientras la besaba, Elvira volvió a bajarse la falda—. ¡Ay, pero me encanta! El negro se lleva muchísimo este verano. ¿Es de Dolores Promesas?
No, ¡es mía!, me la compré en H&M, por 4'95.
Gael resopló y prefirió no contestarle. Luego le pidió un minuto para ir a pedir, así que ella siguió con lo suyo:
One life, live free, big dreams, we're all about them...
Gael regresó con una copa de vino blanco.
¿Joan ha venido? —Elvira negó con la cabeza—. ¿Por qué tu chico odia relacionarse con la gente?
Porque es un tío inteligente.
Gracias por lo que me toca.
De nada, amor.
Un hombre, desde lo alto de un pequeño escenario improvisado al fondo del bar, pidió un poco de silencio. Hizo un par de chistes sobre lo difícil que es callar a un público de barra libre, recibió las falsas carcajadas con vanidad y, por fin, presentó a Raúl Perella que subió con su libro en alto. Se apoyó en el taburete y se arrimó al micrófono. Por un momento, Elvira pensó que estaba en el Club de la Comedia.
Buenas noches a todos, gracias por venir a la presentación de mi último retoño —Risas—. Germinado hace tres años pero gestado en los últimos siete meses, con un parto rápido y sin dolor gracias a Antonio Resada, pocos editores saben poner la epidural como él. —Más risas. Sí, efectivamente Elvira estaba en el Club de la Comedia—. Antes de empezar quiero dejar claro que no me considero filósofo, empecemos por ahí, no lo soy. —¿Alguien tenía alguna duda?—. ¿Humanista?, es evidente que me mueve la parte humana de las cosas y escribo sobre ello, pero sin necesidad de pensarlo, porque me nace de manera orgánica. Soy orgánico. Cuando...
Perdona, ¿me pones otro tercio? —pidió Elvira al camarero. Con el nuevo botellín en la mano preguntó a Gael—: ¿Y esto cuánto dura?
Cari, no me seas coñazo. Te pido un poquito de paciencia. Conozco a Raúl desde el instituto, lo acaba de dejar con su novio y las cosas no están para perder oportunidades. En cuanto se ponga a firmar libros me acercaré a él, y tú ya te podrás largar.
¿Y cuánto tiempo es eso?
¡Y yo qué sé!
¡Sssht, silencio! —exclamó el camarero a sus espaldas.
Elvira agachó la cabeza y empezó a contar las tachuelas de sus zapatos.
¡Ostras, qué fuerte, Gael!, que el derecho tiene 4 más que el izquierdo. Menuda chapuza, ¿no? Es que, aunque lo parezcan, no son unos Louboutin.
¿No me digas? No me había dado cuenta...
El padre de la criatura terminó su monólogo y la gente, después de vitorearle, se empezó a dispersar por toda la sala. Gael trazó su camino directo a la conquista y, quedándose sola, Elvira pidió su tercera cerveza. Se apoyó en la barra, se sacó la braga del culo, se bajó la falda y retornó a su mundo:
... you and I, no one else, nothing else, but you and I...
¿Qué cantas? —le preguntó una mujer que, por su forma de vestir, se negaba a admitir que cumplió los 40 hace años—. ¿Tocas en un grupo?
¡Oh, no, no, no! —Y se rió.
¿Escribes?
Bueno, hago lo que puedo. Soy profesora.
Qué encanto. A mí siempre me gustaron los niños, pero lo mío es la escritura —¿Niños? Elvira prefirió beber y callar—. Perdona, soy Aurora Villés —Y esperó a que Elvira pusiera cara de asombro.
Yo Elvira Rebollo.
No, me refiero a que soy Aurara Villés, Vacas y coños —Elvira estuvo a punto de añadir: Toros y pollas, pero prefirió esperar—. Mi última novela —. Sí, hizo bien en esperar—. Segunda edición en menos de un año, para ser literatura erótica es todo un logro.
Bueno, Cincuenta sombras de Grey lleva unas cuantas más.
Sin comentarios. Eso no es erotismo es pornografía barata. Todo el mundo puede escribir pornografía, tú podrías escribir pornografía...
Gracias...
...pero hablo que para escribir literatura erótica te involucras en un compromiso valiente contigo misma. Por dos razones. Una: eres mujer y por ello te van a lapidar, y dos: la gente no conoce el sexo y por ello son pocos los que realmente entienden este género.
Ya...
Te desnudas y parece que es un acto permisivo para que te condenen. Para que te conviertan en objeto. Las mujeres que escribimos tenemos cerebro, lo demostramos en cada una de nuestras páginas, somos sujetos no objetos. La lucha de la mujer escritora...
Y en el interior de la cabeza de Elvira: ...happy, sppining, clapping, laughing, dancing...
...es para ser sujeto no objeto. La literatura erótica muestra a la mujer sujeto no solo en el sexo, también en el sexo...
...No sleep, no chance, no need, forget about it...
...es importante enfatizar el también. También. También.
Sí, sí, tan bien, tan bien. Con el calor que hace fuera y lo bien que estamos aquí.
Elvira no entendió por qué la de Vacas y coños se dio media vuelta sin ni siquiera despedirse. Poco le importó. Terminó su cerveza y con la vista buscó a Gael. Cuando sus miradas se encontraron, le explicó con gestos que se marchaba, él vocalizó un mudo gracias y le lanzó un beso.
Cuando llegó a casa, encontró a Joan dibujando en la mesa alta de la cocina. Lo miró y sonrió.
¡Ey, nena!, ¿cómo te ha ido?
Elvira se bajó de los 10 centímetros de tacón, se quitó el cinturón y el audífono del oído derecho y se acercó. Se sentó sobre él abrazándolo y escondiendo la cara en su cuello.
You and I, no one else, nothing else, but you and I...


domingo, julio 21

¿Bendita soledad?

 
Agosto de Javier Avi

El espacio.
El espacio es la extensión que contiene toda materia existente. ¿Qué significa esto? Que yo soy muy materia con mucha extensión. Es decir, no te acerques si no es estrictamente necesario. Los besos están sobrevalorados y los abrazos creo que deberían ser denunciables. A los que me llaman huraña les explico, mientras les pido que se alejen un poco, que es una simple cuestión de espacio.

Es verano, Madrid, 03:45 de la mañana, duermo, hace calor, mucho calor, mucho más calor. Oigo un plof que me despierta. Alargo la mano y Joan no está a mi lado, me asomo al borde de la cama y lo veo en el suelo.
¿Qué haces ahí...? —pregunto.
Aquí se está más fresquito...
Ya...
Y con una inevitable sonrisa me tumbo en mitad de la cama con los brazos y piernas extendidas. Sí, es toda mía, ¡toda mía! Y en mi cabeza retumba una carcajada malvada.

El miedo a la soledad.
El miedo a la soledad debe ser eso que la gente siente y que nunca he terminado de entender.
Esplendor en la soledad.
Esplendor en la soledad debe ser eso que yo siento y que nunca la gente ha terminado de entender.

Verano también, Madrid, 19:15 de la tarde, hablando con mi madre por teléfono, no hace tanto calor pero me arde la cabeza.
... que no, mamá, que no nos vamos a separar, solo que Joan... ¡No!... Carmina, ya... Pues si le ha salido curro en Barcelona, ¿qué quieres que haga yo?... No, cerró la granja de caracoles... ¿Pero quién es Carmina? Por favor, mamá, tengamos una única conversación... Ya... Sí, la crisis... No, no paso miedo sola en casa... Sí, siempre cierro la puerta... ¡A ver!, ¿qué hago yo allí?, ¡Joan no va a tener ni un minuto libre!, ¿sabes lo que se tarda en pintar toda la fachada de un bar?, ¡solo tiene tres semanas!... No, mamá, yo no le puedo ayudar... ¡Pues porque no sé pintar!... Colorear tampoco... Que no, que no nos vamos a separar... No, tampoco voy a subir a Bilbao... ¡Porque no!... ¿Quién?... Ya, se le escapó a Carmina, ya... ¿Castrado?... Ah... Ya... Ya... ¡Pues porque tengo muchas cosas que hacer en Madrid!... ¡¿Pero quién coño es Carmina?!

Manipulación.
Manipulación es aquello que niego hacer cada vez que utilizo la expresión “hay que” o “si no quieres no”.

Sigue siendo verano, Madrid, 21:30 de la noche, Joan y yo tumbados en el sofá ante la televisión, pegados por el calor. Alargo un piececillo que toca el suelo.
Ay... qué gusto... —digo.
¿El qué?
No, nada, el suelo, que está fresquito, muy fresquito...
Joan lo toca con la mano. Coge un cojín y plof. Estiro las piernas y sonrío. ¡JA-JA-JA...
Oye, nena.
¿Qué?
Que al final el Miquel me ha llamado, que se lo ha pensado y que no va a chapar el bar en agosto, así que el mural se lo pinto en septiembre. Por eso creo que me voy a quedar todo el mes, bueno, si no quieres no.
Enciende un cigarro y sonriendo acaricia al gato. Un momento, ¿de quién es ese gato? ¡De Carmina, hija!