domingo, abril 10

El sapo y la mosca


―Hola, buenos días ―dijo el sapo a la mosca.
―Buenos días ―dijo la mosca al sapo―. ¿Me va a comer usted?
―¿Cómo dice?
―Si va a desenroscar su legua para engullirme.
―No, señorita, no era mi intención.
―¿Y cuál es su intención?
―Ninguna en particular. Me gusta pasar el día sentado en mi nenúfar.
―Comprendo…
―¿Qué es lo que comprende?
―Su desidia y frustración.
―No creo entenderla, disfruto de mi vida en la charca.
―Pero si no puede alejarse demasiado del agua, ¡no puede volar!
―Querida, créame, no deseo volar. ¿Convertirme en alguien como usted?, ¿para qué?, ¿para rondar la mierda?
―No, para descomponerla.
―Ahora sí creo entenderla. Acérquese, querida.
La mosca se acercó y el sapo se la comió.

5 comentarios:

Zur dijo...

Eso si que es una buena fábula! paciencia y ánimo! Beso gordo!:)

Mai dijo...

Moraleja... pasa de todas las "moscas" que van esparciendo mierdecilla... jajaja. Animo!! bss

Elvira Rebollo dijo...

Nooooo, Mai!! al reves!! las moscas al poder!! (pero se lo ponen difícil...)
Besitos a las dos, mua y mua!!

Moscón dijo...

Parece que este sapo tiene un poco grande la boca, no? Y eso que también sobrevive por esas "minúsculas" moscas...

Elvira Rebollo dijo...

Pues sí, está claro que la gran mayoría de sapos no sobrevivirían sin las mosquis, pero en fin...
Ah! y bienvenido al blog, Moscón!