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| The Exorcist de William Friedkin (1973) |
—¿Elvira
Rebollo? —preguntó una mujer corpulenta de unos sesenta y pocos años. Con la
cabeza ladeada me apuntaba con el dedo—. ¿Elvira? —repitió. Asentí y dejó
entonces su bolso sobre la mesa de la sala de profesores.
Era
finales de junio y en un par de días empezaría a impartir un curso monográfico
de cuatro semanas sobre teatro español del primer tercio del siglo XX. Lo más
atractivo de la propuesta era que la universidad que me había contratado estaba
a poco más de doscientos kilómetros de Madrid. Tenía treinta y cuatro días para
oxigenarme de la capital, me lo iba a tomar como un divertido Summer Camp.
La mujer
se sentó a mi lado y llevándose la mano al pecho dijo su nombre.
—Encantada,
Alicia —respondí.
Se succionó
los mofletes y a cámara lenta sacó la lengua como si estuviera relamiendo miel
de su labio inferior.
—Elvira,
voy a ser muy clara: a mí esa sonrisita irónica después de tu último email no.
Si mis
pestañas fueran molinos de viento, todo el país tendría suministro eléctrico.
—Perdona,
no te enti…
—No, no,
no, Elvira, no, por favor, ya somos mayorcitas, creo que sabes perfectamente a
qué me refiero. —Apoyó los codos en la mesa y sobre sus manos el mentón—. Que
compartamos asignatura no significa que me prohíbas hacer modificaciones en el Syllabus.
—¡Ah! —Solté
una carcajada buscando cierta comicidad, pero ella mantuvo la estática mirada—.
No, en mi email, no prohíbo nada, solo pido que antes de realizar cualquier
cambio en el programa, por favor, me avises. Has eliminado a Jacinto Grau y a Azorín
que eran dos autores fundamentales en mi temario. No es un problema, pero lo
podríamos haber discutido. Además, considero que los cambios nos afectan a las
dos, así que mejor comunicarlo previamente, debatirlo y, después de llegar a un
acuerdo, modificar el Syllabus.
Levantó
la barbilla de las manos, y tomando cierta perspectiva visual, me preguntó:
—¿A ti lo
que te molesta es la gente proactiva? Porque yo soy muy proactiva.
—En
absoluto, de hecho, opino que puede ser una muy buena idea adelantarse a hacer ciertos
cambios, pero es preferible estar informadas de todo con anterioridad.
Impartimos la misma asignatura, debe estar coordinada.
Inspiró
fuertemente por la nariz cerrando los ojos.
—Mira,
Elvira, creo que he tenido mucha paciencia contigo. Me consta que la jefa de
estudios te envió el programa en mayo y no has movido un dedo en todo este tiempo, ¡no
sé ni se te lo leíste! Sin embargo, ahora me vienes con que mis propuestas no se
ajustan a tus preferencias, vamos... ¡Pa’mear y no echar gota! Tú eres de las
que se quejan ¿verdad?, de las que no hacen nada, pero exigen mucho, ¿no?, de
las que piden, piden y piden buscándole las cosquillas a todo.
—Perdona,
Alicia —me eché hacia atrás con los brazos cruzados y continué—, no te voy a
consentir ese tono. Se trata de un desacuerdo en el temario, nada más, es algo
sencillo de solucionar. Conque queda fuera de lugar cualquier valoración despectiva
sobre mi persona. Espero haber sido clara.
—Pero ¿quién
te crees que eres? ¡Que no me va a consentir, dice! ¡¿Cuándo te he faltado yo a
ti el respeto?! —Del grito, una profesora sentada al fondo de la mesa levantó
la cabeza y nos observó sin demasiada preocupación—. La guerra que nos vas a
dar, hija, porque si con todo eres tan sentida y le pones tanta carga
emocional, no vamos a llegar muy lejos. ¡Bendita paciencia! Está claro que lo
de solucionar problemas no es lo tuyo, ¡es provocarlos! —Giró la cabeza y dirigiéndose
a la mujer—: ¡Laura, que nos está pidiendo respeto! ¡Encima que le hacemos el
trabajo…! —Regan MacNeil se contorsionó de nuevo—. ¡Los primeros comentarios
irrespetuosos han venido de ti! Con esa risa que tienes tan cínica y malintencionada.
Apreté
los labios y me alisé las cejas recitando las estaciones de metro de la línea
5: …Oporto, Urgel, Marqués de Vadillo, Pirámides, Puerta Toledo, La Latina,
Ópera…
—¿Qué te
crees, que a mí no me gustaría dar a Jacinto Grau en mis clases?, pero si lo
hiciéramos, ¿cuántos estudiantes se matricularían? ¿A quién le interesa hoy en
día el teatro de Grau? Debes pensar que una cosa es lo que nos imaginemos que
pueda ocurrir en nuestras sesiones y otra, muy distinta, es la realidad. Y nuestros
estudiantes tienen cero intereses por este autor. Es más, si me garantizas
veinticinco matrículas, incorporamos a Grau de nuevo, ¿me las garantizas?
…Quintana,
Pueblo Nuevo, Ciudad Lineal, Suanzes, Torre Arias…
—No,
claro que no me lo garantizas, te tengo muy calada, a ti lo de trabajar te
gusta muy poco, que trabajen y propongan cambios los demás. —Se puso en pie y recogió su bolso, antes de colgárselo
al hombro, añadió—: Ni las gracias has dado por trabajar en una universidad
como esta y con unas compañeras como nosotras, pero eso sí, luego pides respeto
¡desagradecida!
Tras de
mí oí cerrarse la puerta. Respiré contenida y bastante desorientada fingí
ordenar los papeles de la mesa.
—Tienes
todavía dos días —sentenció la mujer del fondo sin alzar la vista.
—¿Cómo?
—Que digo
—la levantó y me miró seria—, que todavía te quedan dos días para modificar el Syllabus.
Si quieres a Azorín y a Grau, vete a la tercera puerta de este pasillo, comunícaselo
a Rosamari, la secretaria del departamento, y el cambio será automático.
—No sé… Buff... ¿Y Alicia?, no sé... —balbuceó mi desconcierto.
—Ya,
Alicia. ¿No conoces el dicho más popular de esta universidad? —Negué con la
cabeza. La mujer sonrió y dijo—: “Aquí quien no corre se autodenomina proactivo”.
Bienvenida a la familia, Elvira.
