11 jul 2026

Exorcizando

 

The Exorcist de William Friedkin (1973)

—¿Elvira Rebollo? —preguntó una mujer corpulenta de unos sesenta y pocos años. Con la cabeza ladeada me apuntaba con el dedo—. ¿Elvira? —repitió. Asentí y dejó entonces su bolso sobre la mesa de la sala de profesores.

Era finales de junio y en un par de días empezaría a impartir un curso monográfico de cuatro semanas sobre teatro español del primer tercio del siglo XX. Lo más atractivo de la propuesta era que la universidad que me había contratado estaba a poco más de doscientos kilómetros de Madrid. Tenía treinta y cuatro días para oxigenarme de la capital, me lo iba a tomar como un divertido Summer Camp.

La mujer se sentó a mi lado y llevándose la mano al pecho dijo su nombre.

—Encantada, Alicia —respondí.

Se succionó los mofletes y a cámara lenta sacó la lengua como si estuviera relamiendo miel de su labio inferior.

—Elvira, voy a ser muy clara: a mí esa sonrisita irónica después de tu último email no.

Si mis pestañas fueran molinos de viento, todo el país tendría suministro eléctrico.

—Perdona, no te enti…

—No, no, no, Elvira, no, por favor, ya somos mayorcitas, creo que sabes perfectamente a qué me refiero. —Apoyó los codos en la mesa y sobre sus manos el mentón—. Que compartamos asignatura no significa que me prohíbas hacer modificaciones en el Syllabus.

—¡Ah! —Solté una carcajada buscando cierta comicidad, pero ella mantuvo la estática mirada—. No, en mi email, no prohíbo nada, solo pido que antes de realizar cualquier cambio en el programa, por favor, me avises. Has eliminado a Jacinto Grau y a Azorín que eran dos autores fundamentales en mi temario. No es un problema, pero lo podríamos haber discutido. Además, considero que los cambios nos afectan a las dos, así que mejor comunicarlo previamente, debatirlo y, después de llegar a un acuerdo, modificar el Syllabus.

Levantó la barbilla de las manos, y tomando cierta perspectiva visual, me preguntó:

—¿A ti lo que te molesta es la gente proactiva? Porque yo soy muy proactiva.

—En absoluto, de hecho, opino que puede ser una muy buena idea adelantarse a hacer ciertos cambios, pero es preferible estar informadas de todo con anterioridad. Impartimos la misma asignatura, debe estar coordinada.

Inspiró fuertemente por la nariz cerrando los ojos.

—Mira, Elvira, creo que he tenido mucha paciencia contigo. Me consta que la jefa de estudios te envió el programa en mayo y no has movido un dedo en todo este tiempo, ¡no sé ni se te lo leíste! Sin embargo, ahora me vienes con que mis propuestas no se ajustan a tus preferencias, vamos... ¡Pa’mear y no echar gota! Tú eres de las que se quejan ¿verdad?, de las que no hacen nada, pero exigen mucho, ¿no?, de las que piden, piden y piden buscándole las cosquillas a todo.

—Perdona, Alicia —me eché hacia atrás con los brazos cruzados y continué—, no te voy a consentir ese tono. Se trata de un desacuerdo en el temario, nada más, es algo sencillo de solucionar. Conque queda fuera de lugar cualquier valoración despectiva sobre mi persona. Espero haber sido clara.

—Pero ¿quién te crees que eres? ¡Que no me va a consentir, dice! ¡¿Cuándo te he faltado yo a ti el respeto?! —Del grito, una profesora sentada al fondo de la mesa levantó la cabeza y nos observó sin demasiada preocupación—. La guerra que nos vas a dar, hija, porque si con todo eres tan sentida y le pones tanta carga emocional, no vamos a llegar muy lejos. ¡Bendita paciencia! Está claro que lo de solucionar problemas no es lo tuyo, ¡es provocarlos! —Giró la cabeza y dirigiéndose a la mujer—: ¡Laura, que nos está pidiendo respeto! ¡Encima que le hacemos el trabajo…! —Regan MacNeil se contorsionó de nuevo—. ¡Los primeros comentarios irrespetuosos han venido de ti! Con esa risa que tienes tan cínica y malintencionada.

Apreté los labios y me alisé las cejas recitando las estaciones de metro de la línea 5: …Oporto, Urgel, Marqués de Vadillo, Pirámides, Puerta Toledo, La Latina, Ópera…

—¿Qué te crees, que a mí no me gustaría dar a Jacinto Grau en mis clases?, pero si lo hiciéramos, ¿cuántos estudiantes se matricularían? ¿A quién le interesa hoy en día el teatro de Grau? Debes pensar que una cosa es lo que nos imaginemos que pueda ocurrir en nuestras sesiones y otra, muy distinta, es la realidad. Y nuestros estudiantes tienen cero intereses por este autor. Es más, si me garantizas veinticinco matrículas, incorporamos a Grau de nuevo, ¿me las garantizas?

…Quintana, Pueblo Nuevo, Ciudad Lineal, Suanzes, Torre Arias…

—No, claro que no me lo garantizas, te tengo muy calada, a ti lo de trabajar te gusta muy poco, que trabajen y propongan cambios los demás.  —Se puso en pie y recogió su bolso, antes de colgárselo al hombro, añadió—: Ni las gracias has dado por trabajar en una universidad como esta y con unas compañeras como nosotras, pero eso sí, luego pides respeto ¡desagradecida!

Tras de mí oí cerrarse la puerta. Respiré contenida y bastante desorientada fingí ordenar los papeles de la mesa.

—Tienes todavía dos días —sentenció la mujer del fondo sin alzar la vista.

—¿Cómo?

—Que digo —la levantó y me miró seria—, que todavía te quedan dos días para modificar el Syllabus. Si quieres a Azorín y a Grau, vete a la tercera puerta de este pasillo, comunícaselo a Rosamari, la secretaria del departamento, y el cambio será automático.

—No sé… Buff... ¿Y Alicia?, no sé... —balbuceó mi desconcierto.

—Ya, Alicia. ¿No conoces el dicho más popular de esta universidad? —Negué con la cabeza. La mujer sonrió y dijo—: “Aquí quien no corre se autodenomina proactivo”. Bienvenida a la familia, Elvira.