jueves, marzo 12

¿Cherry Pie o... no?

Me senté en la barra de la cafetería de la universidad. Jeannie, con su uniforme rosa, se acercó a mí para tomarme nota.
―Hola, cuenquito de miel, ¿expreso doble?
―Jeannie, no me llames así.
―¿Cómo?
―Cuenquito… de miel… ―dije de manera entrecortada por un bostezo.
Eran las diez de la mañana y me moría de sueño y de aburrimiento. Acababa de terminar una clase llena de momias. Intentar poner en práctica el enfoque comunicativo con semejantes estudiantes era desesperante. Veinte sombras recostadas, por no decir tumbadas, en sus sillas con cara de menuda chapa nos estás metiendo, era de acomplejar.
―Bien, ya no te lo llamaré más, abejita.
―¿Abejita? ―preferí no hacer ningún comentario ante su nuevo apelativo, pero lo que estaba claro es que Jeannie venía de familia de apicultores―. Sí un expreso y, anda, ponme un trozo de este cake.
―No, no es un cake, es un pie, mi abejita loca.
―Oh... ¿y cuál es la diferencia? ―dije observándolo tras el cristal de la pequeña nevera de la barra.
―Pues mira, abejita, éste es un pie, ¿verdad? Y éste ―dijo mostrando la tarta de al lado― es un cake, ¿ves?, pie y cake, cake y pie ―explicaba señalando cada tarta alternativamente.
A mí los dos me parecían iguales excepto por el color, uno rojizo cereza y el otro azulado arándano. Pero parecían tener la misma masa y sus idénticos trocitos de fruta en la parte de arriba.
Negué con la cabeza y le hice ver que no captaba la diferencia.
―Mira, cuenquito…
―Jeannie… ―la interrumpí con tono de regañina.
―Perdón, abejita ―realmente no sabía cuál era peor, si cuenquito o abejita―, mira, mira ―Jeannie sacó ambos platos y los dejó sobre el mostrador―, ¿lo ves ahora?
Bien, sí, los veía y un poco más cerca pero aquello no estaba siendo un argumento aplastante para marcar la diferencia, ¿no? Luego dicen que ser profesor de tu lengua materna es facilísimo, ¿sí?, explicar con palabras a un extranjero lo que para ti es obvio no es tarea sencilla y si no que se lo pregunten a Jeannie.

La mujer de enorme culo, sentada en la mesita de detrás se levantó y, con confianza, me colocó su mano sobre la espalda aun no conociéndonos de nada, mientras ofrecía su teoría sobre los diferentes dulces.
―Mira, cariño, éste tiene nata, aquí, un poco, ¿lo ves? ―dijo señalándome el pastel azulado― y éste no ―ahora su dedo estaba en el plato del pastel rojizo―, así que podemos decir que si tiene nata se trata de un cake y si no de un pie.
A pesar de no tenerlas todas conmigo, le dije que ahora sí que lo entendía perfectamente. Triunfadora la mujer volvió a su mesa. Tras pensármelo unos segundos me seguí decantando por el pastel de cereza y se lo pedí a Jeannie.
―Claro, mi abejita, marchando con tu café.
En nada, me sirvió un colorido plato con un trozo de, definitivamente, cherry pie y mi café. Después, me ofreció un tenedor y salió de detrás de la barra con otro en la mano. Se sentó en el taburete de al lado y pinchó un trozo de mi pastel con absoluta normalidad.
―Pero, Jeannie, ¿qué haces? ―pregunté con cara susto.
―Ay, abejita, compartimos, ¿vale?
¿Compartimos? Yo no compartía nada, era egoísta por naturaleza, yo de pequeña era de las que decía: lo siento, pero mi madre no me deja dejar. Compartir, prestar, dar e incluso hasta ofrecer me daba alergia. ¡No! ¡Es mi pastel!
―Vale… ―qué podía decir.
―Así me cuentas lo guapos que son tus alumnos, ¿eh?, vamos, cuenta, cuenta ―dijo metiéndose un inmenso trozo de pastel a la boca.
Pero antes de tragarlo, Jeannie volvió corriendo a la barra. Rebuscó algo debajo del mostrador. Después, con la misma prisa con la que se había marchado, se sentó nuevamente junto a mí mostrándome, con enormes ojos de niña ilusionada, un bote de nata montada.
―Ya vas a ver qué rico está ahora, espera, espera… ―y echó un buen chorro de nata montada sobre el trocito de pastel, formando una blanca montaña piramidal.
Observé el resultado con inquieta curiosidad. Absorta en mi propio y simple mundo interior, tomé el plato de manera fascinada y giré mi taburete.
―Disculpe… ―dije enseñando el plato a la mujer de enorme culo sentada en la mesita. Ella se dio la vuelta y me atendió con interés― y… ¿ahora…?, ¿pie o cake?

4 comentarios:

Maria Jesus dijo...

Soy la pedorra de siempre. Que está vez no me siento culpable por no que dejaras los lapiceros del estuche nuevo.
Creo que no te hice esgoista, con eso se nace, y si encima eres la pequeña pues más a mí favor.
Mé encanta las cosas qué te dice la camarera.(Te pegán).
Muchos Besos muuuuuuua.

mai dijo...

Le diste de tu tarta?!! Tu? De tu tarta??? Sin dibujar limites en la masa? sin poner el dedo de barrera? jajajaja, Desde que estas en EEUU no te reconozco. Y tanto que en EEUU está el cambio!!!!! jajaja. Venga, a tu vuelta compartirmos un pintxo de tortilla...
bss

Zuri dijo...

Qué cuento más dulce, jejje... y a estas horas del mediodía que ya hay un hambre voraz... esta noche de despedida te echaremos de menos! un poco más! Beso enorme!

Elvira Rebollo dijo...

Mai,compartir pintxo de tortilla???? que no, que no, que no, que mi madre no me deja dejar, uno para ti y dos para mí ;-D
Ay, Mizuri, yo sí que os echo de menos, cuánto menos queda para volver más me pesan los días, muaaaaaaaaa!!