lunes, febrero 6

Malos tiempos para la lírica

 Writer de Joe Sorren

―Que no, que no me han pagado ―repetí a Fer.
―Hostia tú, pero si es una editorial de la leche. Pero a ver, ¿qué te han dicho?
―Nada. Cuando me pidieron trabajar con ellos como correctora, ya me dijeron que no me harían contrato, bien, bueno, que sería como una colaboración, vale. Se terminó la colaboración el 13 de enero y se supone que para el 20 ya me habrían ingresado el dinero, pero ya ves. No he visto un duro.
―¡Pues llámalos! ―dijo golpeando la caña sobre la barra del bar.
―¡Ya lo hice!
―¿Y?
―Y nada, que estuviera tranquila, que las cosas de Recursos Humanos van muy lentas.
―Joder… ―murmuró sin dejar de mirarme. Pegué un trago a mi cerveza y le sonreí con desgana―. La culpa la tienes tú, que lo permites.
Tócate los huevos, Manolito. El burguesito ha hablado.
―¿Qué quieres que haga? ―pregunté molesta.
―Nada. No hagas nada, como hasta ahora, que se te da muy bien. Sigue poniendo buena cara a los no pagadores y luego a llorar tus penas a los amigos y, ya de paso, que te inviten a cervezas.
Mi querido Fernando Gorosabel. Nos conocimos en la carrera. Más concretamente en la quinta clase de Lexicología. Le pedí los apuntes de los cuatro primeros días. No me los dejó. Imbécil. Tres meses después, de forma involuntaria, compartíamos grupo en Cultura Grecolatina y al año, más voluntariamente, nos habíamos acostado un par de veces. Cuatro años después la carrera se terminó. Yo estudié periodismo y emigré a China, porque me consideraba comunista, hoy en día vivo en Madrid, creo que soy profesora, y adoro el capitalismo, aunque no tenga ni un mísero euro que gastar. Él hizo un máster en biblioteconomía, emigró a Madrid, escribió poesía, dio clases particulares, escribió poesía, trabajó en la Casa del Libro y escribió poesía. Hasta que hace cinco años conoció a Lucía, se casaron hace dos, dejó de escribir poesía y montó una editorial con el dinero de su suegro.
―¿Y tú, qué haces, Fer?
Giró la cabeza, se chupó el labio de abajo y cruzando los brazos me preguntó, volviéndome a mirar.
―¿Y las clases en la universidad?
―Las cosas están feas este cuatrimestre. Hay recortes, sobra gente, y… pfff, Lola hace todo lo posible, pero ya no sabe ni qué decirme. Fui la última en entrar, así que imagino que seré la primera en salir…
―¿Necesitas pasta, Elvi?
―Contaba con el dinero de la editorial, joder, les he colaborado dos meses, tío, dos meses.
―¿Necesitas pasta?
Negué con la cabeza baja. Hacía una semana había llamado a mi madre. Me tomé cinco valerianas de golpe y me estrujé el móvil contra la oreja. Necesito dinero, ama, las cosas no me van bien… ¿Cuánto necesitas? El alquiler de este mes, contesté llevándome la mano a la cara. Me froté los ojos y le pedí perdón, le prometí devolvérselo lo antes posible y le expliqué que la culpa no era mía, lo cierto es que no sé ni lo que le estaba diciendo. Bien, bien, tranquila, hija, pero no me chilles. ¡¡¡No te estoy chillando!!!
Bueno, igual un poco sí, a veces las valerianas tardan en hacer efecto. Además, como hija, me creía con el derecho absoluto de proyectar mi frustración sobre ella. Y ella como madre, de aguantar, imagino, no lo sé.
―Venga, Elvi, ¿un par de cañas más? Así me cuentas cómo va tu segunda novela ―propuso Fer.
Le sonreí y, como si aquella conversación no hubiera tenido lugar, comencé a explicarle, apasionadamente, los problemas que me estaba dando un narrador no identificado en una trama con tanta carga psicológica.
―Fer, ¿en qué piensas? ―pregunté, parando en seco mi discurso, al verle que me miraba mudo y sonriente, como un tarado iluminado.
―¿No crees que mañana puede ser un buen día para volver a escribir poesía?

8 comentarios:

Sofía Serra Giráldez dijo...

:))))))))...vivimos en otro mundo, Elvi, cuando...cuando...cuándo ¡no sé!..cuando escribimos cuando pensamos en lo que escribimos/creamos/recreamos, cuando yo qué sé...te juro que hasta las lágrimas se me han saltado al leer el final, sonriendo en complicidad manifiesta.
bravo por ti, en una pequeña escena, has condensado todo este murmullo que nos ...aplasta casi...sólo casi, ¿eh?.
Un beso enorme

Sofía Serra Giráldez dijo...

sobra el punto detrás de la interrogación..¡los odio?..:DDD

Elvira Rebollo dijo...

Ay, Sofía, sólo casi, porque a fin de cuentas es un murmullo, agotador y cansino, eso sí, eh? jajajaj!! pero lo de vivir en otro mundo nos da tregua (y de la buena).
Besazo, loca!

Amalie le Champs dijo...

Posible solución. Trabaja en su editorial también. Así serán más los que te deben. Y le haces un favor.

Irene dijo...

Hola Elvira. Gracias por tu visita a mi blog y por escribirme. Me ha hecho mucha ilusión que contactaras conmigo. Estoy leyendo tu loca novelife y me está gustando mucho, pero eso ya lo sabías. Y si, en este mundo, con la que está callendo, un simple mensaje en el blog me alegra el día. Curioso, eh?
Besos

Elvira Rebollo dijo...

Irene,encantada yo de que te tocara mi libro, espero que lo disfrutes como loca. Y como te dije, pásate por el blog de mi prima Itsaso "Cosas cosidas, cosas mías", que, como tú, es otra genia del Patchwork y seguro que podéis compartir mil ideas. Un beso!

Mizú dijo...

Que no me entere yo que dejas de escribir, eso nunca! ; )

convoy89 dijo...

¿Cuándo han sido buenos? : )