jueves, mayo 17

Basura


Woman fallen in the garbage bin

Elvira pegaba el segundo trago a un Ossian 2009, mientras daba vueltas, con una cuchara de palo, a la cazuela de arroz con leche que estaba preparando. Dejó la copa en la encimera y miró la botella. Sonrió. Cómo se alegraba de tener amigos tan espléndidos como Gael. Las cosas no le estaban yendo demasiado bien, pero aquel momento en la cocina lo compensaba todo.
―¡ELVIRAAAAAAAA!
El grito que ascendió por el hueco de la escalera hizo que Elvira se precipitara a abrir la puerta de la calle, y se asomara a la barandilla del descansillo.
―¿Guillermina? ―preguntó al ver a la vieja del segundo mirar hacia arriba desde su rellano.
―¡La basura, hija mía!
―Ay, coño, la basura… ―farfulló mientras entraba de nuevo en casa. Apagó la vitrocerámica, cogió las llaves, salió y, tras cerrar la puerta, bajó las escaleras de dos en dos.
―Pero, hija mía, si son casi las diez de la noche…―recriminó la anciana a Elvira, cuando ésta ya hubo llegado al segundo piso.
Guillermina Barroso tenía 83 años y era la vecina del segundo izquierda. Vivía sola y Elvira  le sacaba la basura los martes, jueves y domingos para que ella no tuviera que andar subiendo y bajando esas viejas y desniveladas escaleras.  Desde que murió su abuela, Elvira encontró en Guillermina a ese alguien a quien querer porque sí.
―Que se me ha pasado, Guillermina, que ando fatal de la cabeza…
―Pues haberme dicho y habría avisado a Felipe. Bueno, ahora bájame la basura que ando inquieta, no vaya a ser que pase el camión.
Elvira cogió la bolsa, echó un suspiro, miró a la vieja y se apoyó en la barandilla con gesto de derrota.
―Guillermina, ¿conoce esa sensación de haber dejado las ventanas abiertas de casa para ventilar, marcharse a hacer unos recados y al volver encontrarse con que está todo patas arriba? Usted sólo quería refrescar la casa y el viento se la desbarajustó por completo.
―Yo si salgo a los recados lo cierro bien todo, que nunca se sabe.
―¿Pero me entiende?
―Hay que ser más precavida, hija mía.
―Eso debe ser. Hoy visité a una amiga cuando salí de la universidad, y me ha tenido un buen rato tocando el timbre. ¿Por qué no me abrías?, le he dicho. Mujer, estaba hablando por teléfono, además ¿qué han sido, tres minutos? ¡Sí, tres minutos!, y me parece ya mucho. Porque ¿qué haces delante de una puerta durante tres minutos?, ¡nada, sólo mirarla!, ¡esperar a que alguien te abra!, ¡es un tiempo perdido! No sé, a veces me da la sensación de que llevo toda la vida esperando a que alguien me abra la puerta… ¡Pero sólo me encuentro portazos! ―Hizo una pausa. Miró a Guillermina y comenzó a hablar en un tono más relajado―. Ayer leí una crítica a mi novela que decía: “nunca imaginé que una chica de Bilbao pudiera ser tan banal”. Es decir, que si hubiera sido de Murcia podría ser banal tranquilamente, pero siendo de Bilbao, ay, no, no, no, ¡eso sí que no! Guillermina, explíquemelo, porque no lo entiendo. Y así con todo. Me doy cuenta de que la gente te va coartando estableciendo sus propias reglas. Bilbao y banal, no casan, señores, por lo tanto Elvira Rebollo es una pésima escritora. ¡Si lo llego a saber le habría pedido a mi madre que me pariera en Cuenca! ―Se colocó un mechón de pelo detrás de la oreja y suspiró de nuevo―. Mi psicoanalista dice que debo tomar la responsabilidad de mi vida, y llevo año y medio intentándole explicar que lo que quiero es delegar, porque estoy agotada, agotada de que no me abran la puerta. No sé, supongo que él también pensará que soy banal, aunque no creo que ponga como excusa lo de Bilbao. Banal sin más, por las tonterías que le cuento. A veces, cuando estoy en su consulta tengo miedo de que explote, porque esto de alimentarse del dolor ajeno no puede ser bueno, ¿verdad? Lo convierte en una persona muy poco humana. En una piedra. La piedra de la paciencia. ¿Lo ha leído?, yo tres veces, se lo tengo que dejar, Guillermina, se lo tengo que dejar... Creo que es uno de mis libros favoritos, y La ciudad y los perros, y La campana de cristal, sí, también. Te deja sin aliento. Pobre Esther, pobre Sylvia… ―Dejó la bolsa de basura en el suelo y miró la puerta de la derecha―. Vaya, si Felipe sigue escuchando la tele tan alta, se va a quedar sordo. Yo prefiero la música. Antes, justo antes de bajar, preparaba arroz con leche, y escuchaba a Nina Simone. A Etienne, ya sabe, el novio francés que tuve, ya le he contado varias historias de él, pues bueno, a Etienne le encantaba Nina Simone, quizá por eso la estaba escuchando hoy. Me he dado cuenta de que desde que me dejó, me paso la vida buscando un sustituto, y luego, cuando lo encuentro, me paso la otra media pensando en cómo dejarlo. Porque me aburren. Guillermina, de verdad, ¡me aburren soberanamente! Lo siento, pero es así. Etienne tenía las tres únicas cosas que pido en un hombre: inteligencia, sentido del humor y que luego en eso, ya sabe, en el tema, vamos, en el trikitriki, sea un genio. Y Etienne lo era. Me dejó dos veces inconsciente, ¡inconsciente! ―Inspiró profundamente y se retiró todo el pelo hacia atrás―. La gente dice chorradas como que lo más importante en un hombre es que sea buena persona y que te quiera, ¡pues para eso me compro un perro! ―Chasqueó la lengua―. Aunque mira, igual ése es mi problema, porque no espero a que me quieran. Me conformo con querer sólo yo, y eso no puede ser, ¿verdad? No, no puede ser, así me va…, así me va…, llamando a puertas que nunca se abren, mientras, tonta de mí, me dejo todas las ventanas abiertas. No sé ―Pausa―. De verdad que no lo sé, Guillermina… ―Otra pausa―. Pero usted me entiende, ¿no? ¿Me entiende o no me entiende, Guillermina?
―Pues qué sé yo, hija mía, pero ¿me vas a bajar la basura o le aviso a Felipe?
 

5 comentarios:

Miss Hurry dijo...

No creo que tu libro sea banal... además una persona que hace tan absurda crítica, no habría que tenerla en cuenta, no? ;p

Amalie le Champs dijo...

Qué bueno Elvira, como la vida misma, es muy difícil que al otro lado haya quien escuche de verdad y mucho menos para una abuelita que ya todo lo sabe, todo lo ha experimentado hace 30 años y lo que le importa es ser práctica, que le solucionen su problema de basura y que no se junte con la de la vecinita. Mañana expongo en mi clase La Piedra de la Paciencia, ¡algo bueno sacamos!. Felicidades por lo que dices y cómo lo cuentas, eres muy buena.

Mai dijo...

Hola, soy Mai, soy de Bilbao y soy banal... o no. El que ha juzgado a un escritor por un único libro es muy profundo...
Así que yo discrepo, y seguiré leyendo entre líneas.
Bsssss!!!!!

Sofía Serra Giráldez dijo...

ay, Elvira, ahora sé por qué siempre hemos conectado...por el gusto por el arroz con leche y por el vino, claro está...
;)
Genial como lo describes
¡Beso, mi guapa, besazo enorme!

Anónimo dijo...

Qué bien cuentas y describes lugares, situaciones...¿sentimientos entre líneas-palabras?.Todos tus admiradores y demás que, seguro, tienes detrás de tí deseando que te fijes en ell@s, se van a morir de envidia por todo lo que recuerdas al tal fracés ese, que no sé yo si sería tan tan bueno (EN TODO)o si está mitificado simplemente, !piénsalo¡, Glori