viernes, junio 1

Celebrando


 Cena con amigos psicodélicos de Jovana de Obaldía

Gael cumplía 34 años. Había invitado, a cenar en su casa, a cinco amigos para celebrarlo. Disfrutaba siendo el protagonista siempre que podía, así que ese día más que nunca. En la cocina terminaba de preparar las berenjenas rellenas, cuando sonó el portero automático. Eran las 7:35 de la tarde. Gael abrió sin preguntar. Once minutos más tarde, el timbre de su casa. Abrió. Su amiga Elvira al otro lado resoplando.
―Pero, Cari, ¿cómo has tardado tanto en subir?
―Calla, que me he cogido el ascensor, me he equivocado y me he subido hasta el 6º, no me digas por qué. Al bajar se ha parado en el 5º y se ha montado un señor, que ha entrado con un cochecito de bebé, un crío en la otra mano, una bolsa y una silla de playa colgada de un hombro y un paquete de 24 rollos de papel higiénico en el otro. En el 4º nos hemos dado cuenta de que estaba encajonada para salir, así que me ha dicho que no me iba a quedar más remedio que bajar con ellos hasta el garaje. He bajado y el pobre hombre no podía con todo, así que lo he ayudado con la bolsa, la silla y el papel para cagar hasta el coche. Y luego, me he vuelto a coger el ascensor y otra vez para el 6º, vale, sí, no me digas por qué. Y por miedo a que en el piso de abajo se subiera la mujer del tío del 5º, con más niños, sillas y celulosa, pues me he dicho: me bajo andando.
Elvira vivía en un mundo paralelo a éste. Muy similar, cierto, pero paralelo. Estaba enamorada del hecho de estarlo. Su última conquista, una farola de la madrileña calle San Andrés. A las cuatro de la mañana del sábado pasado, se había amarrado a ella al grito de “eres la luz que necesito en mi vida”.  Pero cuarenta  minutos antes había mandado un sms a Ernesto, su anterior última conquista, que rezaba “déjame ser tu bambalina”. Como es actor, como es actor, explicaba repetitivamente a sus dos amigos girando la esquina en Espíritu Santo, que, dicho sea de paso, poca fue la inspiración que le aportó el lugar.
En la cocina Gael siguió con las berenjenas y Elvira colocó las dos botellas de vino, que había traído, sobre la encimera.
―¿Va a venir Ernesto?  ―preguntó la chica fingiendo, por su tono de voz, que poco le importaba la respuesta.
―¡No, Elvi, no va a venir! ―contestó cabreado. Metió las berenjenas al horno, se limpió las manos con un trapo y con algo más de paciencia continuó―: Cari, me da mucha vergüenza decirte esto, pero me ha pedido que no le mandes más mensajes que…
―¡Pero si no le mando!
―¿Y qué es: déjame ser tu bambalina?
―Como es actor… como es actor, pues pensé que tenía su gracia, ¿no?
―¡Pues no! ¡Lo tienes harto!, ¡hasta las narices! ¡El lunes me volvió a llamar! Que dile, macho, que ya está, que me deje tranquilo, me decía. ¡Que lo dejes tranquilo! ¡Que no seas pesada! Chica, me pones en una situación que no sé cómo defenderte. ¿Me oyes? ¡Pues se acabó Ernesto! ―Elvira recolocaba una y otra vez las botellas sobre la encimera sin decir nada―. Elvi…
―Si vamos a tardar en cenar es mejor meter el vino en la nevera, en la parte de abajo, donde las verduras, porque con este calor va a ser un asco beberlo así.
―Cari, pero ¿en qué mundo vives?
Pues en el paralelo.

A la 1:20 de la mañana, Gael y sus cinco amigos se habían terminado las berenjenas rellenas, las dos botellas de Elvira, las tres de Sacha y Martín, la docena de cervezas de David, y el Cava de Sergio. Y la cosa estaba de la siguiente manera: David contaba que Adriana ahora decía no querer firmar los papeles del divorcio. Elvira aseguraba estar enamorada de Sacha. Sacha explicaba a Elvira que Martín era su marido. Y Sergio insistía a Gael que él mismo bajaría a por más cerveza donde los chinos.
A las 2:30 de la mañana, Adriana había llamado por teléfono a David, después de recibir un amenazante sms suyo, para decirle que era un grandísimo hijo de puta. Elvira aseguraba estar enamorada de Sergio. Sergio explicaba a Elvira que adoraba a su novia Maika. Martín pedía a Sacha que bajara a por más cerveza donde los chinos. Sacha se lo pedía a Gael y Gael exigía a todos sus comensales que le felicitaran por decimoctava vez.
A las 3:40 de la noche, David contaba que Adriana era una tía retorcida y llena de complejos. Sacha y Martín se lo estaban montando en el baño. Sergio, subido en una silla, se jaleaba a sí mismo porque había conseguido 90 puntos en Apalabrados. Elvira aseguraba estar enamorada de Gael y Gael pedía a Elvira que le soltara la pierna, porque tenía que bajar donde los chinos a por más cerveza.
A las 4:15 de la noche, David afirmaba que Adriana era la mujer de su vida. Gael fotografiaba a Sacha sin camiseta. Martín preguntaba a Sergio por su nick en Apalabrados. Sergio le gritaba su nick mientras corría al baño porque decía que se cagaba. Elvira aseguraba estar enamorada de la cerveza y, como acto de amor, les anunció a todos que bajaba a por más donde los chinos.
Elvira tardó once minutos en llegar a la tienda de los chinos de abajo, y es que sin saber por qué, al coger el ascensor, subió primero al 6º.
Preguntó por las cervezas. El chino de la caja le señaló la nevera del fondo. Elvira se acuclilló ante ellas. Intentó coger primero un pack de 12 latas de Mahou y al ver que no podía, se decantó por dos de 6 de San Miguel. Al darse la vuelta cargada con las cervezas, lo vio. Ernesto estaba apoyado en el mostrador de la caja registradora con la cabeza baja, parecía esperar al chino. Elvira dio un paso atrás y se colocó al otro lado de la estantería de pan de molde. Ernesto ahora miraba hacia la calle y Elvira lo miraba a él. El chino volvió y le dio dos paquetes de tabaco. Ernesto sacó su cartera. Algo le dijo el chino y él se rió. Elvira apretó los labios. Ernesto, después de pagar, se guardó de nuevo la cartera en el bolsillo de atrás del pantalón y, sin demasiada simpatía, se despidió del comerciante y salió de la tienda. Elvira apiló los dos packs de cerveza en el suelo y se sentó sobre ellos. Estiró las manos y se las miró. Se ajustó su enorme anillo en el anular de la izquierda y tragó saliva con dificultad.
A las 4:43 de la noche, Elvira aseguraba, al chino de la caja, estar enamorada del hombre que acababa de salir, y el chino de la caja le decía que eran 5’40 euros.

9 comentarios:

Doctora Anchoa dijo...

Me apunto la declaración de amor a la farola, has conseguido que se me escapara una carcajada. Pobre Elvira, dale un pelín más de tregua...

Mizú dijo...

La vida misma de principio a fin! me quedo con el progreso de la noche en casa de Gael, divertidisimo!!!

Elvira Rebollo dijo...

Anchoa, me alegro de haberto hecho reír, y sí, creo que a partir de ahora las cosas le van a sonreír a la prota, la hemos hecho llorar demasiado ;-)

Mizú, bien sabes que el progreso de las cenas entre amigos es digno de documental del National Geographic!! jajaja!! Besazo, amor!

Miss Hurry dijo...

No hay casualidades... confiesa! ¿quién vive/ha vivido en un sexto?

Anónimo dijo...

Divertida la entrada y, como siempre, con ese tono irónico que dicen que nos caracteiza a las vascas, ¿será verdad?
Después de unas "vacances" me encanta volver a encontrarte. Sólo quiero sentirte en forma. Muxuak guapa!

Anónimo dijo...

Se me ha pasado la firma: Glori

Elvira Rebollo dijo...

Miss Hurry, tendré que dar un repaso a mi cabeza para recordar algún 6º extraviado, jejeje!! Mua!

Glori, con "Muxuak" ya sabía que eras tú. Gracias por haber comentado todas las entradas, menuda pechada te debiste de dar leyendo, pobre...
Un besazo enorme! (me hace mucha ilusión verte por aquí)

Cascabel dijo...

Elvira...te acabo de descubrir:¡¡eres muy buena!!.

Me encanta tu estilo, muy directo,jajaja, y siempre clavando las palabras en el centro de la diana.

Somos unas cuentas con un mundo para-lelo, o sea, para evitar a los lelos...

Sigue así, me has gustado mucho.

Elvira Rebollo dijo...

Cascabel, muchás gracias! me alegra y me anima mucho que disfrutes del blog, nos vemos pora quí!