miércoles, febrero 18

ConTacón Compañía

ConTacón Compañía de Javier Avi

Cuatro amigos, treintañeros, sentados en el salón de uno de ellos, de Elvira. Forman una pequeña compañía de teatro. Salón pequeño y abuhardillado, en el centro de una gran ciudad. Es de noche y el tráfico se oye fuera. El salón: un sofá y una mesita de café en el centro. Sobre la mesita dos cajas abiertas de pizza con alguna porción mordisqueada dentro. Una botella de vino, otra de agua, 6 botellines de cerveza, vasos y copas. Un escritorio al fondo a la derecha junto a dos grandes estanterías cargadas de libros y discos de vinillo. Al fondo a la izquierda una puerta cerrada. Los cuatro amigos son profesionales del teatro, pero deben dedicarse a trabajos complementarios para ganarse la vida. Luis: director teatral, sentado en una silla a la izquierda del sofá. Adán: actor, sentado en el sofá, en el lado más cercano a la silla de Luis. Elvira: dramaturga, sentada en el otro extremo del sofá. Ángela: escenógrafa, sentada en el suelo sobre un cojín. Todos tienen fotocopiado y encuadernado el último texto teatral de Elvira. En la primera página, en letra Wide Latin y a tamaño 80 se puede leer: “Olga en la azotea”.
Suena Let’s do it interpretada por Eartha Kitt mientras los cuatro parecen leer en silencio el texto. La iluminación es tenue. La música comienza a bajar el volumen hasta desaparecer y sube la luz.

ADÁN.― A ver, yo lo que veo aquí es que es una declaración de amor. Se supone que Marcos está viendo a Olga desde la ventana, ¿no?
ELVIRA.― Sí.
ADÁN.― Ya. (pausa) Entonces el monólogo se lo dice a ella.
LUIS.― ¿A Olga?
ELVIRA.― Bueno…
ADÁN.― Sí, claro, la ve allí arriba, desde su ventana y Marcos empieza a hablar. Un discurso interior que se toma como excusa para narrar la historia de los dos. Marcos es la voz de ambos.
LUIS.― Hombre, no. A ver… (pausa) yo lo que veo aquí, es que ya está muerta.
ELVIRA.― ¿Quién?
LUIS.― Olga.
ADÁN.― ¡¿Olga?!
ÁNGELA.― (Levantando la mano como pidiendo permiso para hablar) Perdón, Olga es la chica de la azotea, ¿verdad? (Adán lentamente cierra su cuadernillo y le enseña la primera página a Ángela, con el dedo subraya el título en letras enormes “Olga en la azotea”) Ah, vale… vale… o sea que sí que es, ¿no?
ELVIRA.― Ángela, cariño, ¿te preparo un café?
ÁNGELA.― Pues igual sí, el día de hoy en la tienda ha sido horroroso, ¿de dónde sacarán tanto dinero las adolescentes para gastar en ropa?
LUIS.― El dinero es lo de menos, lo preocupante de esas tiendas es la música.
ADÁN.― Dijo Ennio Morriconi.
Elvira se pone en pie, también Ángela precipitada.
ÁNGELA.― No, Elvi, ya me lo preparo yo (Ángela sale de escena por la puerta del fondo a la izquierda).
Elvira se vuelve a sentar pero sin dejar de mirar la puerta del fondo. Se oye un ruido fuerte en off.
ELVIRA.― ¡La otra puerta, Ángela, ése es el armario de las escobas!
ÁNGELA.― (off) ¡Gracias! (se escucha otro ruido. Todos en el salón permanecen atentos). ¡Estoy bien! (todos en el salón agachan a la vez la cabeza, vuelven al texto).
ADÁN.― Muerta, dices.
LUIS.―¿Olga? Sí. Eso está claro, yo es lo que veo aquí.
ADÁN.― Yo no lo veo.
LUIS.― Yo lo veo, sí. Vamos, es lo que veo yo.
ADÁN.― Ya. Yo no. No lo veo. Lo que yo veo es que la ve, la ve viva.
LUIS.― Viva no. Lo que yo veo es que lo que ve es su recuerdo. La Olga del pasado.
Elvira toma un trozo de pizza mordisqueada y lo come sin dejar de mirar a Luis y a Adán..
ADÁN.― ¿La Olga del pasado? ¿Su espíritu? Luis, por favor…
LUIS.― Es una alegoría del suicidio. Marcos se casca un monólogo de 70 minutos hablando de la muerte, de lo que fue, del dolor contenido y no del de Olga sino del del propio Marcos.
ADÁN.― (con los brazos en cruz) ¡Por favor, matadme! ¿Desde cuándo una tía caminando por una cornisa de una azotea es una alegoría del suicidio? ¡Eso se llama suicidio en estado puro!, ¡mariconadas las justas!
ELVIRA.― Bueno yo…
ADÁN.―¡Un suicidio que no necesita subtítulos! ¡Claro, transparente, material, orgánico! ¡Su-i-ci-dio!
LUIS.―¡Sui-ci-dio!
ADÁN.― Dijo María Moliner.
ELVIRA.― A ver…
LUIS.― Cría Cuervos, Carlos Saura. La madre muerta va recorriendo la casa, con ella el dolor y el sufrimiento de la hija que a su vez tiene un sentimiento intrínseco de muerte, muerte y asesinato.
ADÁN.― Entre fantasmas, Jennifer Love Hewitt.
Por la puerta del fondo asoma la cabeza Ángela.
ÁNGELA.― Elvi, ¿el azúcar?
ELVIRA.― En el armarito que está sobre la lavadora.
ÁNGELA.― Gracias. (Ángela se va cerrando la puerta, pero todos en el salón siguen mirándola. Se oye un fuerte ruido de cristal roto en off) ¿Elvi, la escoba está en el armario de las escobas?
ELVIRA.― ¡Sí!
ÁNGELA.― (off) ¡Gracias!
Todos en el salón permanecen atentos, se oyen ruidos de puertas abrirse y cerrarse pero sin percances. Agachan la cabeza a la vez, vuelven al texto.
LUIS.― Adán, voy a hacer cómo que no te he oído. (En voz baja) Así no se puede trabajar…
ADÁN.― Dijo José Luis Garci.
ELVIRA.― ¡Bueno basta! ¡No hay suicidio ni lo habrá! A ver, lo que yo veo… ¡No!, ¡lo que yo he escrito!, ¡he escrito yo! ¡yo! ¡Y-O!
LUIS.― Yo.
ELVIRA.―¡Ya! (pausa, más calmada). Olga es una chica que está en la azotea, no sabemos por qué, pero es una gran ciudad, puede ser Madrid, agosto, y hace un calor infernal, quizá intente buscar algo de brisa, pero las causas no nos interesan. Marcos la ve desde su ventana y fantasea con ella, la convierte en su personaje. Y él, a su vez, se transforma en narrador intradiegético omnisciente.
LUIS.― Eso es imposible, si el monólogo está en primera persona no puede ser omnisciente, a no ser que lo relate un muerto.
ADÁN.― Y dale con los muertos…
ELVIRA.― Pues en mi texto sí se puede.
LUIS.― Carece de verosimilitud.
ADÁN.― (Cantando y moviendo los brazos a modo de gogó) ¡Lars, Lars, Lars Von Trier, Lars Von Trier, Lars Von Trier, Trieeeeer!
Ángela entra por la puerta del fondo trayendo un café.
ELVIRA.― Es así y punto. Que para algo lo he escrito yo. (pausa) Vale, y ahora que estamos todos, ¿ideas para la puesta en escena?
ADÁN.― Posdramático.
LUIS.― Neorrealista.
ADÁN.― A ver, Rosellini, estamos en teatro, ¿sí?
ELVIRA.―¿Ángela?
ÁNGELA.― Uy, ¿yo?, no sé… Lo veo más como teatro naturalista. Escenografía realista. Salón de un chico joven soltero, desordenado y pelín sucio, en el centro-derecha. Y a la izquierda, la azotea. La iluminación se podría alternar. Claros y oscuros dependiendo del espacio que se quiera destacar.
ELVIRA.― Me gusta. ¿Y cómo harías la azotea?
ÁNGELA.― Habría que buscar un mecanismo para poner la superficie a otro nivel, una tarima quizá.
ELVIRA.― Sí, pero tengo miedo a que el público no reconozca que se trata de una azotea. (Adán lentamente cierra su cuadernillo y le enseña la primera página a Elvira, con el dedo subraya el título en letras enormes “Olga en la azotea”).
ÁNGELA.― O podríamos poner un cartelito colgado que dijera ‘azotea’.
ADÁN.― Qué mona ella, qué ilustrativa, sigue pensando, cari.
ELVIRA.― Me gusta la idea de Ángela, pero creo que el texto habla solo, sinceramente pienso que si colocamos a Marcos sentado en una silla, en un espacio oscuro y con un foco directo hacia él, podría funcionar.
ADÁN.― ¿Que el texto qué?
LUIS.― Hombre, Elvira, el monólogo está bien escrito, no digo que no pero…
ELVIRA.― Es un texto completo y redondo. No necesita adornos.
ADÁN.― ¿Yo soy un adorno? ¿Hola? (Brazos en cruz) ¡Por favor, matadme!
ELVIRA.― Adán, no he dicho eso, solamente que cuidemos el texto y no lo desmerezcamos.
ADÁN.― ¿Y un actor, una silla y un foco no es desmerecerlo? ¡Por favor, que alguien le diga a esta chica que hay vida más allá de Buero Vallejo! ¡Gracias!
ÁNGELA.― Elvira, ¿la ventana siempre ha estado ahí?
Elvira mira a Ángela y tarda en contestar.
ELVIRA.― ¿Te refieres a ‘siempre’ como a ‘desde la semana pasada’?
ÁNGELA.― Sí.
ELVIRA.― Sí, no la he movido. (pausa) ¿Necesitas otro café?
Ángela no contesta, sigue mirando la ventana del salón.
LUIS.― Elvira, no quiero ser borde, pero debes entender que tu trabajo en la compañía llega hasta aquí. Has escrito el texto y ya. El director soy yo. Quedamos en que mejor sólo una voz para dirigir. Así que si os parece bien, de la puesta en escena me encargo yo.
ELVIRA.― Pues…
ADÁN.― A mí me parece estupendo, dejemos a la de la ornamentación a un lado.
ELVIRA.― Pero…
LUIS.― Bien, pues en ese caso creo que lo más coherente es que dividamos el texto en 5 partes. La primera, Adán, la harás en proscenio, ¿vale? Rompemos la cuarta pared, te diriges al público. Tono neutro.
ADÁN.― ¿Neutro?
LUIS.― Neutro.
ELVIRA.― Aséptico.
ADÁN.― ¡Tú, calla!
ELVIRA.― Mala…
ADÁN.― ¡Te he oído!
LUIS.― Neutro, Adán, neutro.
ADÁN.― ¿Pero qué es neutro?
LUIS.― ¡Zas!, eso no es neutro. ¡Ras!, eso tampoco. Neutro es más “fusss, fussss”. ¿Oyes que la tonalidad cambia radicalmente? ¿Lo entiendes?
ADÁN.― “Fusss, fusss”, ya… creo que lo voy pillando. (Pausa larga) ¿Por qué no alguien trae más cerves de la cocina?, esto va para largo…
Ángela se levanta y sale por la puerta del fondo. Todos permanecen atentos. Se oye un fuerte ruido en off.
ELVIRA.― ¡La otra puerta, Ángela!, ¡ese es el armario de las escobas!
ÁNGELA.― (off) ¿Siempre ha estado este armario aquí?
ELVIRA.―¿Con ‘siempre’ te refieres a ‘hace 10 minutos’?
ÁNGELA.― (off) ¡Sí!
ELVIRA.― (Mira a Luis y Adán y les sonríe) Caballeros, la función ya ha comenzado.

Suena en bajo C’est si bon interpretada por Eartha Kitt.
Por la puerta del fondo aparece Ángela con las cervezas, las deja sobre la mesa y la música sube el volumen. El escenario poco a poco se funde en negro.
Ovación.


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