domingo, octubre 4

Conflicto femenino

NOTA: Este relato es independiente del resto pero se trata de una versión del cuento "Conflicto Internacional". Lo mucho que puede cambiar una situción si se toma un café con un amigO o si lo tomas con una amigA, (idea original de 'Lopillas'). Así que para su completa comprensión te recomiendo que leas el cuento anterior antes de empezar con éste.


En una mesa de un bar. Yo jugando con la pajita de mi coca-cola y Marieta escribiendo un mensaje en el móvil.
―Es lo que te digo, necesito querer, Marieta, necesito-querer, que-rer, er-êr-êêr-êêêr-êêêÊER, ¡dar!, ¿sabes? ―digo convencida de estar sacándome el corazón del pecho pero lo único que hago es estrujarme las tetas por encima de la camiseta.
―Ya… lo que te pasa se llama ansiedad porque tienes tantas ganas y te sientes tan en tu momento que te frustra ver que no llega esa oportunidad ―dice Marieta enviando el mensaje, porque una mujer puede hacer dos cosas a la vez sin problema.
―¡Exacto!
―¡Claro!, te entiendo, me pasa lo mismo ―se oye un bip, Marieta mira su móvil―, Blanquita dice que llega en diez minutos ―dice mostrándome la pantalla del teléfono.
―Tengo ese sentimiento de amar, de amar, no sé… de verdad, de jubilar mi vida por él, decir, ¡sí, mira!, ¡sí! por ti, ¿eh?, por ti dejo mi exilio, por ti… ¡por ti vuelvo! ―me callo y muy concentrada intento tapar el agujerillo de la pajita con la punta de mi lengua.
―Pero vamos a ver, ¿tú no lo ibas a dejar todo por Pedro?, ¿no te ibas a venir y a vivir con él?, ¿no estaba decidido?
―Sí… estaba, pero te recuerdo que me ha dejado.
―Bueno, bueno, bueno ―dice Marieta ladeando la cabeza en un intento de pensar mejor desde ese ángulo―, nos ha dejado, bien, vale, pero hay que reflexionar sobre el porqué nos ha dejado.
―¿Porque mi madre, a mis treinta años, no me dejaba dormir fuera de casa y ha sido prácticamente imposible llevar una vida sexual madura?
Marieta se ríe como una idiota y añade:
―Anda que si tu madre supiera lo mucho que te va el mambo… ¡que más que una hija tiene una muñeca hinchable!
―¿Quién tiene una muñeca hinchable? ―pregunta Blanquita mientras se sienta en la mesa, contagiada por nuestra risa tonta.
―La madre de ésta ―explica Marieta señalándome sin dejar de reírse, después se calma un poco y mirando a Blanquita dice―: Venga, vete a pedir, porfa, para mí otra caña, ¿caña, Elvi? ―asiento con la cabeza―, pues dos cañas.
Blanquita se levanta y se acerca a la barra. Marieta vuelve a mirar su móvil, no hay llamadas perdidas ni mensajes nuevos. Yo miro la poca coca-cola que me queda en el vaso y, tomando la pajita entre dos dedos, digo en casi un susurro:
―Marieta, me siento muy sola… muy, muy sola… creo estar volviéndome loca… loca perdida…
―Kleenex, kleenex, vale, kleenex ―coge su bolso y rebusca― ¡mierda yo nunca llevo! ―Blanquita llega con las bebidas―. Blanca, ¿kleenex?
Deja las bebidas en la mesa y saca de su bolso un paquete de pañuelos, se lo lanza. Marieta abre el paquete y me da uno. Blanquita me mira, no se había percatado hasta ese instante.
―¡Pero, mi enanoide! ¡Corazona, corazona, corazona!, ¿por qué me lloras? ―pregunta Blanquita estrujándome y dándome un besito en la cabeza antes de sentarse otra vez.
No digo nada, me sueno los mocos y me quedo en silencio. Blanquita pregunta a Marieta gesticulando el nombre de Pedro en sus labios, cree que no la veo pero la he visto, Marieta parpadea muy despacio dándole a entender que sí, se trata de un código Morse muy extendido entre mujeres.
―Mira, Elvi ―dice Marieta, por fin, rompiendo el silencio―, no puede ser fácil esto de vivir sola en el extranjero, venirte por vacaciones, meterte en casa de tus padres, que tu madre se crea que eres una niña de doce años asexuada, pero tú, con treinta, intentes proyectar una vida acorde a tu edad. Este conflicto te crea mucho estrés emocional y mucha ansiedad, ¡es así! ¡¡Buff!! ¡Me pasa hasta mí!, que vivo independiente pero no en el extranjero y que tengo una madre que sabe perfectamente la fecha de mi nacimiento. Así que… ―termina diciendo, dejando muy ceremoniosamente su móvil frente a mí― ¡llámalo!
―¿Qué…? ¿A Pedro…? ―pregunto torpemente sin entender su gran idea.
―¡Ni se te ocurra! ―se adelanta a decir Blanquita.
―Sí, llámalo, dile lo que sientes realmente, ¡llámalo!
―Ay, no sé… ―digo muy indecisa―, es posible que no quiera hablar conmigo.
―Muy posible ―confirma Blanquita encendiendo su primer cigarrillo.
―¡Qué más dará! ¡Tú eres la que quiere hablar con él! ―grita Marieta.
―¿Yooooo?, pero si eres TÚ la que quiere que yo hable con él.
―¡Venga, no seas pesada! ¡Llámalo que seguro que nos reímos todos!
―¡Te reirás tú! ―grito desesperada.
Blanquita se ríe soltando una lenta bocanada de humo.
Marieta me incita moviendo el móvil en mi dirección, haciéndome creer que tiene vida propia.
―Bueno… pues, ¿lo llamo o no lo llamo? ―pregunto con el móvil en la mano.
―¡Síííííí!
―¡Noooo!
―Gracias, chicas, he llegado con un pequeño problema existencial y ahora me voy con uno mucho mayor ―digo soltando el móvil sobre la mesa.
―Escucha, Elvi, tienes que entender algo ―empieza diciendo Marieta mirando a Blanquita, como si quisiera pedirle permiso para lo que me iba a decir.
Blanca baja lentamente los párpados pero sin llegar a cerrarlos y pone los ojos en blanco, lo que en lenguaje Morse de mujeres significa: haz lo que quieras pero yo no pienso decir ni mú. Así que Marieta continua:
―Elvi, Etienne está muerto.
―¿Etienne?, ¿mi Etienne?
―¡No!, ¡tu EX Etienne!
―Pero si Etienne vive en Nantes, hablé con él hace un par de meses.
―¡Pues mira, ahora, está muerto! Ya ves qué cosas, el hijo puta que te dejó de la manera más cobarde y rastrera, el tipo que te ayudó a empaquetar todas tus cosas para que te largaras lo antes posible de su casa para poder llevar libremente a Severine, el tío quien dejó a Severine dos meses después para salir con otra y luego con otra y luego con otra, está muerto. El desgraciado que te dejó porque no sabía por dónde le daba el aire pero te echó a ti toda la culpa de su desidia y se deshizo de ti, después de casi cinco años juntos, sin darte ninguna explicación como si fueras un trozo de mierda…
―Marieta… ―suplica Blanquita en voz baja al ver que cojo otro kleenex del paquete que está todavía sobre la mesa.
―Elvira, mira ―retoma Marieta la conversación intentando calmarse―, respeto que no lo odies, no lo entiendo pero, vale, lo respeto. Hay cabrones con suerte y éste la tiene, porque a pesar de todo lo que te hizo sabe, el muy hijo de puta, que le tienes cariño. Entonces… no lo odies pero, si quieres seguir con tu vida, piensa que está muerto. Y deja de creer que todos los hombres que vas a conocer te van a hacer lo mismo, porque sólo te lo hizo uno y ahora está muerto. Elvi, confía en Pedro y deja, por favor, de machacarle con fantasmas.
Necesito un momento de reflexión. Después, sin decir nada, saco el móvil de mi bolso. Lo dejo sobre la mesa y me sueno los mocos.
―Vale, pues lo llamo… ―digo ya con el móvil en la mano.
Marieta y Blanquita esperan expectantes.
Al oír su voz al otro lado del teléfono pego un brinco en la silla y me tapo la boca. Marieta pregunta en alto qué pasa. Blanquita se enciende el segundo cigarrillo sacudiendo la cabeza en claro gesto de desaprobación. Me tranquilizo e intento mantener una conversación lo más natural posible.
―Hola… hola… sí, soy yo… Ah, ah, sorprendido, ya, claro, sí… ¿Cómo? ¿Otro día?, ¿dices otro día?, bien… ¡no, no, no!, ¡claro que no me importa!, pues… eso, eso, con más tiempo, te llamo… claro, claro… vale, perfecto… pues la próxima semana te llamo… adiós, sí, adiós, adiós… ―cierro el móvil y con calma lo meto nuevamente en el bolso.
―Bueno, pero ¡¿qué te ha dicho Pedro?! ―pregunta Marieta a punto de estallar.
―Es que… no era Pedro… ―Marieta y Blanquita me miran ojopláticas―, claro, me he puesto tan nerviosa que al final, se ve que me he equivocado y… he llamado a Etienne ―ninguna de las dos dice nada―. Le he pillado de mudanza, dice que el mes pasado conoció a una chica y, justo ahora, se estaba mudando a su apartamento, y dice que lo llame mejor la próxima semana, no sé…
Veo como Marieta, a duras penas, intenta aguantarse pero finalmente explota muerta de la risa, le sigue Blanquita sosteniendo difícilmente su cigarrillo entre los dedos, les llamo amigas de mierda y me uno a ellas, a carcajada limpia.

13 comentarios:

mai dijo...

Ajajajajaja, genial!!! La conversacion femenina no se si sera mas util para Elvira, pero y las risas que se echa... jajaja. Mencan. Bss

lopillas dijo...

Jajajajjajaj es que no hay color!!
Pichicólogos pa qué? Donde estén las payasas del alma...
Qué arte tienes, Elvira!
Me ha encantado esta versión rosa sin desmerecer en nada a la azul, que también tiene su punto cubano :D
Y me ha encantado por supuesto que me tomes la palabra.
Un placer, corazona corazona ajajaj
Besotes

Elvira Rebollo dijo...

Mai,está claro que no saben arreglar el mundo pero se echan unas risas...
Lopillas, encantada yo de tu sugerencia, fue una idea genial! A ver si se te ocurren más!! Besos!!

J.M. Ojeda dijo...

¡Hola Elvira!
Bueno arreglar el mundo, pues como que no.
No porque no fueseis capases, que si lo sois,
pero me da, que no tiene arreglo.
De todas formas, lo pasáis de risa, que también de llantos.
Sois encantadoras, sois vida.

Saludos de J.M. Ojeda.
P.D. Muy bueno el relato.
Felicidades.

Zuri dijo...

Jajjaja... me encantaaaaa! Beso gordo!

vangelisa dijo...

XDXD es genial!!!y divertido :-)
bsos

ÓNIX dijo...

Así suelen ser las conversaciones femeninas, por eso disfrutamos tanto al salir con las amigas, es que nosotras sin duda alguna somos geniales, medio despistadas a veces, pero geniales al fin...

Saluditos...

Elvira Rebollo dijo...

Gracias, chicas, y gracias Ojeda, sí, sí, son pura vida aunque, como dice Onix, un tanto despitadillas.
Besos a todos!!!

Mery Larrinua dijo...

Elvi, eso estuvo buenissssiiiimooooo!!!!! me he reido de lo lindo!!!
Besitos mery

Extractos... dijo...

nada...iré a leer primero conflicto internacional para enterarme.

un saludo y gracias por seguirme

La abuela frescotona dijo...

tal cual somos las féminas, un remolino de palabras que siempre terminan en el mismo lugar sin quererlo....muy ameno, muy bueno

PATRICIA dijo...

asi que este es tu blog!! he leído dos de tus historias,esta y la del porche!! y me han gustado mucho!! muy divertidas!!

Elvira Rebollo dijo...

Sí, este es mi blog, bienvenida!Nada, chica, diviértete porque seguro que algunos escenarios te son familiares... ;-D