miércoles, septiembre 22

Retoriqueando


―Que no… buff… que no, que ahora es… Pásame la botella, anda, loca.
―Ahora es ¿qué?, ¡tía, arranca! ―gritó Silvia pasándole una de Rioja casi vacía.
―Gracias, amore ―contestó Elvira recibiendo la botella y sirviéndosela sobre su copa. Estaba tumbada en su minúsculo sofá Solsta de Ikea recién comprado. Estrenaba casa. La inauguraba junto a su única amiga en Madrid, su mejor pésima amiga. Era una fiesta de dos. Suficiente―. Que ahora resulta que se llama ―Elvira se reincorporó lanzó un enorme eructo al aire, después hizo un amago de esperar ovación y continuó―,eso, que se llama narrador identificado o narrador no identificado―recalcó con rintintín ambas palabras mientras se recostaba nuevamente, derramándose media copa encima―. Ay, puta… me’mancha’o, Silvi.
―Si te haces así no te queda mancha.
―¿Así? ―preguntó Elvira totalmente concentrada, restregándose su mano por el pecho―. Pásame la botella, loca de la life, porfis…
Silvi no se la pasó sino que le sirvió el culín que quedaba, ya está, terminada, dijo.
―¿Dónde coño se quedó el narrador omnisciente?, te preguntarás, ¿eh?
―Yo lo único que me pregunto es por qué Nacho no me coge el teléfono.
―Pues porque está obsoleto.
―¿Nacho?
―¡Obsoleto! ¡Tócate los pies, Manolete!
Y Silvi, sentada en la alfombra de pelos, también nueva y también de Ikea, se tocó los pies y añadió:
―Yo creo que me está poniendo los cuernos, hijo de puta…
―Claro, si obsoleto está el omnisciente, pregunta por el narrador equisciente, ¡ése se quedó en Cuenca!
―Pff… en Cuenca…, me dijo que se iba de fin de semana a Albacete por trabajo, ¡¿y yo me lo tengo que creer?!
―Yo no me lo creo, el omnisciente será omnisciente toda la vida, porque ahora me saltan con que ―Elvira pegó un trago a su copa y continuó mirando al techo― el identificado tiene que ser un narrador familiar del protagonista que por eso es i-den-ti-fic-a-do.
―Fi-ca-do, no fic-a-do.
―Sí, te pone los cuernos ―dijo Elvira mirando fijamente a su amiga con asco.
Silvi, sosteniendo la mirada y sin mediar palabra, volteó su copa y la dejó caer sobre la nueva alfombra peluda.
―Puta Silvia… ―suspiró Elvira clavando su vista, esta vez, hacia arriba y empezó a reírse como una loca.
Silvi se levantó, dejó la copa sobre el escritorio y se tumbó sobre su amiga de la infancia.
―¿Qué vamos a hacer, Elvi? ―preguntó abrazándola con fuerza―, ¿qué van a hacer una escritora de mierda y una cornuda desquiciada?
Elvira dejó caer su copa al suelo, qué más daba, la alfombra ya estaba hecha un asco, además sólo le había costado 30 euros. Ahora, así, con las manos vacías, la pudo abrazar con ganas.
―Primero, mandaremos al narrador identificado ése a tomar por culo y, luego, haremos lo mismo con Nacho. ―Esperó un rato y al no recibir respuesta preguntó―: ¿Qué te parece, loca?
Silencio.
―¿Qué te parece? ―Repitió Elvira.
―¿A mí?
―Sí, a ti.
Silencio.
―Retórica, Elvira, retórica, que tus diálogos son innecesariamente largos, te lo dice todo el mundo…
Puta Silvia, acertó a decir la escritora de mierda entre risas, ahorrándose así un nuevo guión.

2 comentarios:

Monis dijo...

Así que narrador no identificado,eh? Me vasa tener que dar clases de nuevas nomenglaturas que veo que me estoy quedando un poco obsoleta!!!!!

Sigue escribiendo, Elvi, que se te echaba de menos!

Mua!

Elvira Rebollo dijo...

Sí, sí, me tengo que poner las pilas y sacar relato semanal, con o sin narrador identificado, jajajaja!! !Cómo se nos complica, Monis!
Besazo!!