jueves, diciembre 9

Castañas asadas


The chestnut seller por Jean Francois Raffaelli

Lucas sólo quería unas castañas.
Su abuela lo recogió a la salida del colegio. Lo hacía todos los martes y jueves porque era cuando tenía entrenamiento. A sus ocho años era todo un pichichi.
Con el balón bajo el brazo cruzaba la carretera. No lo botes en la calle, ¿eh?, le advertía su abuela mientras lo sujetaba por la manga de la chamarra. Frente al puesto de castañas Lucas sonrió. Botó el balón. No lo botes, dijo su abuela. Cuánto es, preguntó cogiendo el paquete y dándoselo a su nieto. Lucas, que sólo quería unas castañas, cogió el paquete con ambas manos soltando el balón que botó sin rumbo hasta los pies del hombre que, en ese momento, estaba cobrando a su abuela. No vio el balón. Del tropezón su cuerpo cayó torpe sobre el brasero. Sus ropas prendieron y las llamas lo abrazaron al instante. Alguien lanzó el cubo de agua que convirtió el rojo en negro, en densa humareda con olor a carne quemada. Alguien se llevó en volandas a Lucas que, con miraba vacía, seguía sujetando con fuerza su bolsita de castañas.