sábado, diciembre 11

Números, algo más que una historia

Subía las escaleras contando.
Me gustan los números, por eso siempre he odiado las matemáticas. Me gusta creer que el 3 y el 4 están enamorados como que el 9 tiene un carácter déspota y humilla en cuanto puede al 8 mofándose de su físico. Aunque lo intenta, el 1 nunca consigue poner orden y es el 5, con su paciencia, quien termina calmando las tensiones numéricas. El 7 y el 6 forman el dúo sacapuntas, el Quijote y Sancho Panza, el Dix y Bully, tramando disparatadas conspiraciones para conseguir el amor del 3.

―A ver, siguiente, ¿2 más 1?
―3 ―dije después de haberme contado los dedos de la mano.
―Pues escribe aquí el 3, ¡aquí no!, ¡aquí, debajo de la raya! ¡Que pareces tonta, hija! ―Mi madre desesperada intentaba enseñarme a sumar a los siete años, mal número―. Ahora, ¿3 más 4?
No sabía cuánto eran 3 más 4 pero no me importaba, porque estaban juntos, uno encima del otro, seguidos, siempre tenían que estar seguidos.
―¡7! ¡Son 7! Escribe aquí y subraya el resultado: 73 ―y mi madre marcó el espacio con el dedo.
―¡No, no, no, no, 73 no!, porque ahora vendrá el 6 y la raptará.
―Qué coño, de… ¿qué?, hija de los cataplines…
―¡Al 3!, ¡van a raptar al 3!, para que no se case con el 4 y, y, y, así llevársela y entonces, luego, luego, ¡ay!, el 7 se puede casar con ella, sí, porque el 1 no estaba mirando, ¡ay!
Me gané un tortazo y comprendí la crueldad de las matemáticas.

Seguía subiendo las escaleras y seguía contando mentalmente toda una historia: 215, 6, 3.304, 67, 99.899, 13, 77, 73. Dios mío, 73, pensé angustiada sacando las llaves del bolso frente a la puerta.
―¡Elvira!
El grito me hizo mirar por hueco de la escalera, dos pisos más abajo vi la cabeza de mi vecino Rafa asomada. No hubo números que contaran lo que tardé en bajar. Con un mimoso ven aquí, chiquitina, me abrazó.
Entre risas me invitó a mate. ¿Te has hecho algo?, me preguntó ya sentados en el sofá, ¡te has cortado el pelo!, joder, estás guapísima. Estaba como siempre, sí, con el pelo algo más corto, pero él era Rafa. No dije nada, solamente sonreí y con la mirada baja pensé en lo mucho que lo había echado de menos. Me habló de su viaje a Argentina, de Natalia, de la cafetería, de cómo no pudo decirle nada, de lo pringa’o que se había sentido al ver la boda desde el quinto banco, de lo estúpido que era, de que todo tenía que cambiar, de que ya no la quería, ya no la quería.
―¿Te has dado cuenta de que soy como el 3?, pequeñita de tetas enormes ―dije cortante al término de su discurso.
Rafa levantó una ceja sorprendido, tragó el mate y al ver que no añadía nada más empezó a reírse absolutamente escéptico. Loca, decía ladeando la cabeza. Lo besé en la mejilla, dejé el mate sobre la mesita, me levanté y, diciéndole que nos veríamos mañana, me marché.
… 73, 44, 66, 1, 51, 76, 555, 4, 3, 43. 43. Riéndome saqué las llaves del bolso y abrí mi puerta.

2 comentarios:

ma dijo...

Me encantan esas historias de numeros! siempre me ha encantado ver cada numero de un color, o hacer historias y sacar conclusiones de los numeros, claro, dije al comprarme mi casa de 36m2 es esta la perfecta para mi! pq es el portal 62 y 6+2 son 8! y es el piso 8º y que dia naci yo? el 8! y .... de que dia es raul? del 26! y 2+6 son......
me ha flipado! jejejejee
Besos
Ma

Elvira Rebollo dijo...

jajajaja!! Ma, estás peor que yo!! pero me alegro de que te gustara, Muaaaaaaaaa!!