lunes, septiembre 21

Un día y dos vidas

Desde el pasillo vi que la puerta de mi despacho estaba abierta.
―Uy, ¿qué haces aquí? ―pregunté a Kayla que estaba pasando el dedo índice por el lomo de mis libros de la estantería.
―Hola, cariño… ―dijo sin despegar sus ojos ni su dedo de los libros―. Estoy… estoy buscando un manual… un manual… ―decía mientras parecía prestar poca atención a sus propias palabras―, vamos, un manual con actividades… esto del… pero de manera gráfica, ¿sabes?
―Pues… ni idea, Kayla ―y me reí sentándome en la silla de mi escritorio.
―Ay, mujer, esto del… lo del imperativo pero… pero, pero con… ¡mierda, no tienes nada! ―gritó dándose la vuelta y mirándome, por fin, de frente.
Levanté los hombros riéndome porque seguía sin entender qué era lo que realmente estaba buscando.
―Imperativo con verbos reflexivos ―explicó finalmente marcando cada una de sus palabras.
Abrí el primer cajón del escritorio y saqué una pequeña caja. Había viñetas plastificadas de una joven, en la ducha, limpiándose los dientes, secándose el pelo, frente a un sillón con un libro, en una discoteca, en su cama con un enorme reloj que marcaba las siete, y así hasta quince escenas.
―Divide la clase en grupos ―dije mostrándole la caja abierta― y a cada grupo da unas cuantas tarjetas. Han de tomar el rol de una madre desquiciada que da diferentes instrucciones, qué sé yo… por ejemplo, levántate, dúchate, o en imperativo negativo, pues… no te rías y estudia ―dije cogiendo una tarjeta en la que la joven se reía teniendo un examen con una D en la mano― o… bufff... no sé… no te diviertas tanto ―y señalé la viñeta de la discoteca.
―Ah, me gusta, me gusta...
―Cuando terminen, los grupos se intercambian las tarjetas y vuelta a empezar, vamos, que te puede llevar unos veinte minutos la actividad.
―Oh, cariño, eres un genio. Hasta me da tiempo de tomarme un café mientras tanto, ¿no…? ―dijo en un tono confidencial mientras cogía la caja de mis manos―. Bueno, ¿tú qué tal?, ¿cómo lo llevas?
―Pues, chica, muy bien, estupendamente, la verdad ―dije estirándome en la silla―. No sé, pero con mucha ilusión, creo que este año va a ser mi año. Seguro que al final una editorial se apiada de mí y me publica el libro, ¡lo veo, lo veo, lo veo! ―dije alzando mis manos en alto.
―Vaya, cuánto optimismo a las nueve de la mañana…
―¡Y conoceré a Ron Adkins!
―Y ¿ése quién es? ―preguntó Kayla asustada por mi enorme entusiasmo.
―Pues… no sé, digamos que es un importante ejecutivo de Chicago, no, no, ¡escritor!, sí, escrito de Nueva York pero instalado en San Francisco, sí… ¡eso!, y, bueno, nos conocimos en una firma de libros en Manhattan, moreno de ojos verdes…
―¡Ay, no! Negros, que expresan mucho más.
―Bueno, pues de ojos negros, entonces le pido que me firme el libro y me presento, porque yo también soy escritora, ¿sabes? ―pregunté a Kayla que me miraba con atención.
―¡Claro, claro!
―Escritora de cinco grandes best sellers, bueno, así que le digo que vivo en el Soho y que conozco un restaurante indio estupendo al que podríamos ir después de su firma.
―Ay, qué atrevida y ¿qué te dice?
―Que está muy ocupado y me devuelve el libro firmado.
―Vaya… qué soso…
―Pero mientras me tomo un delicioso espresso en esa cafetería tan de andar por casa, donde ya me conocen y me tratan como a una hija, en Little Italy…
―Que sí, que sí... pero ¿qué pasa luego?
―Abro el libro y…
―Ay, ¡dios mío!, ¡dime que no, dime que no! ―gritó Kayla pellizcándose los labios.
―Pues sí… además de su dedicatoria, me deja el nombre del hotel donde se hospeda...
―¿En el Hilton?
―Mmm… no, no… algo con más clase…
―¡En el Ritz de Central Park!
―¡Sí, perfecto!, bueno, y también me había escrito su teléfono móvil, así que lo llamo, entonces…
―¡Espera! ―Kayla dejó la caja de las viñetas en mi mesa, me miró fijamente y me habló con seriedad―. Cariño, vale, lo puedes llamar y puedes ir a su hotel, pero no te acuestes con él porque hasta la tercera cita eso está muy mal visto en América, y ya sabemos que a las españolas el sexo os pierde.
―Vale, no sexo ―respondí obediente.
―No, no sexo ―confirmó inmediatamente detrás de mí.
―Así que lo llamo y quedo con él para esa noche. Me voy a mi apartamento, bueno, a mi dúplex, ¿eh?, un gran dúplex del Soho, porque he vendido más de diez millones de copias de mi última novela, en tres meses, y ha sido traducida a treinta y cuatro idiomas.
―¡¡¿A treinta y cuatro?!!, ¡pero si ni siquiera sabía que existieran tantos idiomas en el mundo! Oh, cariño, pero qué orgullosa estoy de ti…
―Abro mi vestidor, mmm… bueno, tengo dos, ¿vale?, uno sólo para zapatos y el otro…
―Me encanta, ¿ordenados por colores u ocasiones?
―Ocasiones, bueno, pues eso, bla, bla, y me pongo… una sencilla camiseta blanca de tirantes de Donna Karan, una chaqueta beige, de ante, ceñida de Stella MacCartney y unos infinitos Levi Skinny desgastados, porque yo ya no mido un metro y medio.
―Ah ¿no?
―No, me operé en Los Ángeles, lo último en cirugía estética, hueso artificial en las rodillas, me estiraron hasta casi el metro setenta y cinco
―¡Wow! Debes llamar la atención…
―Sí… bueno, ¡imagínate!, tuve que dejar de usar el trasporte público porque era un acoso continuo el de los hombres, bueno y el de mujeres…

―Perdonad, chicas ―Luisa, jefa del departamento, estaba en la puerta con unos papeles en la mano―, Elvira, aquí hay quejas de once alumnos tuyos del grupo 203 de por la tarde ―dijo zarandeando en alto el taco de papeles―, dicen que no te entienden, que tus clases son muy difíciles y que los contenidos no se ajustan a lo que explicas en tu Syllabus, ¡chica, baja en nivel!, cuántas veces te lo he repetido, ¡esto no es Yale!
―Lo siento, Luisa, hablaré con ellos y llegaremos a un acuerdo ―dije resentida.
―De acuerdos ¡nada!, ¡lo bajas y punto! Ah, oye, ayer me reuní con el decano, y… lo siento mucho, chica, pero andamos en crisis, así que se te congela el salario, la subida que te habíamos prometido antes de verano, no va a poder ser, y tampoco te vamos a abonar el billete de avión de este año. Lo siento, guapa, pero ya ves que estamos fatal…
―Tranquila, lo entiendo ―dije tragándome un profundo suspiro.
―Bueno, pues os dejo ―dijo despidiéndose con los papeles―, ah, ¡oye, Elvira!, ¿este año vamos a conocer a tu novio español?, dile que se venga por Acción de Gracias, todos los años preparo una gran cena, estáis invitados.
―Oh… gracias, Luisa, pero hemos roto este verano.
―Ups…vaya, chica, lo siento ―dijo compareciéndose de mí y se marchó.
―Bueno… ¡Bienvenida a tu vida real! ―exclamó Kayla con los brazos en cruz.
―Gracias, Kayla, muy amable ―dije con desgana y le señalé la caja de viñetas, encima de mi mesa, para que no se le olvidara.
―Gracias, cariño. Oye... otra cosa… ni se te ocurra ponerte botas de tacón alto con esos Levi Skinny, te daría un toque muy ordinario, creo que unos botines planos de Christian Louboutin sería perfecto, ¡además!, ¡¡¡¿quién necesita tacones con tu metro setenta y cinco?!!! ―Kayla me guiñó un ojo y se fue con la caja bajo el brazo.

9 comentarios:

marichuy dijo...

Hola Elvira

Hace rato que deseaba venir a comentarte; te leo en el Reader, peor me da pena llegar hasta acá.

Me admira mucho tu capacidad para armar histotrias y sobre todo esos dialogos tan bien logrados.

En fin, te dejo un saludo desde la Ciudad de México

mai dijo...

Nena!! pues cuando llegues a Manhattan avisame (imperativo no??). Si quieres yo te ayudo con la búsqueda del duplex en el soho, mas que nada pq compré allí un edificio, y estoy haciendo apartamentos de lujo. Ya sabes, no se que hacer con toda la pasta que gano en un trabajo que me encanta... bss. Por cierto!! Rod y yo? Intimos!!! Es hermano de mi novio, Dylan Adkins, el top model.

Zuri dijo...

Ay Elvira Elvira... que sería de nosotr@s si no pudieramos soñar eh? Un beso!

Elvira Rebollo dijo...

Marichuy, la verdad es que con la comodidad del reader da pereza llegar hasta aquí y por eso te lo agradezco doblemente. Creo que es importante que dejéis comentarios así veo lo que gusta y lo que no y puedo experimentar con cuentos nuevos. Gracias de nuevo por el detalle!

Mis nenas,a seguir soñando!!! Besito enorme a las dos por ser incondicionales siempre, mua y mua!

ma dijo...

es verdad mizuri! ves? yo que me complico la vida!
Pues nada ahora hare muchos mas comentarios!

Paoli que me flipa tu blog! de verdad de la buena!
Montones de besos

Monis dijo...

¡Me encanta, me encanta, me encantaaaaa!Me ha encantantado este cuento. Te he visto claramente ahí, en tu despachito, entre tarjetitas y tablas de verbos irregulares. Sigue escribiendo a este ritmo que no veas la ilusión que nos hace ver que "¡Hay un cuento nuevo!", jeje
pd: Espero que lo del sueldo y el billete te avión haya sido solo literatura...
Muaaaaak!

Daniel Damián ( Conde de Galzerán) dijo...

Bueno Elvira, como cada vez que te leo, tus diálogos le dan tanta vivacidad al texto que se lee en un periquete. Y pese a los contratiempos, hay una gran dosis de esperanza y optimismo. Me gusta. Eres invencible. Lo del estiramiento de las piernas ya me parece sensacional. En tu mundo, uno-a, ha de adaptarse a todo.
Sigue así.

Andrea dijo...

jajaja, oye! Me ha encantado tu cuento, es genial. Me pareció muy Sex in de City, no se. Pues he llegado por casualidad porque has dejado un comentario en mi blog y suelo visitar a los que me comentan por primera vez pero en tu caso, se me pasó y hoy te vi, revisando mis post, no sabes cuánto me alegro, te sigo, no me quiero perder el próximo cuento o lo que se te ocurra postear, seguro que será algo interesante. Un beso!

Elvira Rebollo dijo...

Conde, me alegro mucho de verte por aquí, te echaba de menos.

Andrea, bienvenida! lo cierto es que tu blog es una de esas sorpresas que te encuentras por que sí en la red y la disfrutas como una niña. Pura delicia...